lunes, 2 de mayo de 2011

1º de Mayo en Estocolmo

El día comenzó muy temprano, no por decisión nuestra sino porque la noche (digamos oscuridad nocturna) dura sólo hasta las 4 de la mañana. A partir de entonces todo es claridad hasta digamos... ¡las 10 de la noche! Costará adaptar nuestro reloj biológico aunque sólo sean 5 horas de diferencia con Argentina.
Desayunamos en el hotel y luego Anders nos llevó a recorrer Estocolmo. Estamos muy cerca del centro de la ciudad por lo que fuimos caminando. Como nuestro hotel está en una isla, debimos cruzar un puente sobre una espectacular marina con exclusivos yates y toda la zona de embajadas y departamentos lujosos de la ciudad.
La verdad es que caminamos bastante pero disfrutando cada explicación de Anders, cada rincón de una ciudad fantástica y ¡obsesivamente limpia! 
Llegamos hasta una plaza de nombre complicadísimo donde estaban preparando los actos por el 1º de Mayo. Avanzamos un par de cuadras más y comenzamos a ver lo que ellos llaman una "manifestación política". Si alguien no lo explica cualquiera diría que se trata de la procesión de algún santo. Todo el mundo caminando ordenadamente, sin gritar ni saltar, llevan a sus hijos en los cochecitos, a los perros de la correa, no pisan los canteros llenos de tulipanes al tiempo que cantan (muy bajito) canciones que piden entre otras cosas la abolición de la monarquía o cosas por el estilo.... Obviamente sin piquetes, ni quemando cubiertas, ni... ni... ni...
Entramos a un shopping donde pudimos conseguir los cargadores para nuestras computadoras y cámaras porque el tipo de enchufe aquí en Suecia es diferente al nuestro, y luego caminamos hacia la zona antigua de la ciudad. Edificios antiquísimos de exquisita belleza, tulipanes por doquier, pintorescos cafés en las veredas (que ofrecen como cortesía una manta por si los clientes sienten algo de frío, y que por supuesto todo el mundo deja en la silla al retirarse).
Así caminando llegamos hasta el Palacio Real. Un espléndido edificio donde vive la familia real de Suecia. Cruzando otro puente y bordeando el lago, caminamos hasta un hermoso bar al aire libre (aunque hace mucho frío, tienen estufas....al aire libre.... leyeron bien), donde comimos sandwiches de camarones, sushi, y platos típicos de aquí. Luego regresamos al hotel donde nos despedimos de Anders, que debía regresar a su ciudad, y a quien volveremos a ver en algún momento de nuestro programa. 
Dentro de la reconfortante calefacción del hotel nos reunimos para trabajar sobre nuestra presentación, y cuando quisimos salir a cenar la respuesta de la recepcionista del hotel fue (en sueco por supuesto): "está todo cerrado". Apenas eran las 10 de la noche. Debimos cambiar los planes y comer algo rápido en el hotel. Cansados pero maravillados por el orden, la limpieza, la belleza sorprendente de cada rincón de esta inolvidable Estocolmo.










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